El Aceite de Oliva y la Salud Cardiovascular

El aceite de oliva, que aporta hasta un 78% de ácidos grasos omega-9, ácido oleico, es considerado un aceite muy sano, y forma parte de nuestra cultura, siendo la principal grasa presente en la dieta mediterránea. Los efectos beneficiosos de su consumo vienen dados por su composición en ácidos grasos y por sus componentes antioxidantes.

El principal ácido graso del aceite de oliva es el oleico, un ácido graso monoinsaturado, y en menor medida contiene saturados y poliinsaturados (destacando el omega 3). En la composición del aceite de oliva, sobre todo del virgen extra, encontramos además otras sustancias que no forman parte de la fracción oleosa, como carotenos, esteroles, compuestos fenólicos, éteres o ésteres. Sin embargo, ¿Sabemos lo que realmente hace en nuestro organismo y las propiedades químicas que posee?

A nivel digestivo, destaca su capacidad de enlentecer el vaciado gástrico. Este efecto permite una adecuada digestión y puede ser interesante en personas que padezcan dispepsias o úlceras gástricas. También parece ser que el aceite de oliva aumenta la excreción de colesterol por vía biliar, por lo que puede disminuir su cantidad en plasma o sangre. Por otro lado, el ácido oleico estimula la colecistoquinina, es decir, la hormona responsable de que se contraiga la vesícula biliar, evitando de esta forma la formación de cálculos. A nivel pancreático, el ácido oleico también estimula la actividad secretora del páncreas, pudiendo facilitar la digestión de las grasas.

Entre los efectos cardiovasculares que se le atribuyen a este aceite, está su capacidad de prevenir formación de ateromas que bloqueen las arterias, esto mediante la reducción de colesterol LDL (malo) y el leve incremento de los niveles de colesterol HDL (bueno). Además el aceite de oliva propicia la síntesis de sustancias con características de antiinflamatorio, antiagregante plaquetario y también de aquellas que favorecen vasodilatación.

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Arterioesclerosis

Enfermedades cardiovasculares suponen la primera causa de mortalidad en países desarrollados y su incidencia aumenta progresivamente en los países en vías de desarrollo. Un gran número de enfermedades cardiovasculares, tales como angina de pecho, infarto de miocardio, hipertensión arterial y enfermedad vascular periférica tienen su origen en la aparición de arterioesclerosis.
Actualmente está bien establecido que el aceite de oliva tiene un papel preventivo y terapéutico en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares. Los efectos se atribuyen mayoritariamente a su elevado contenido en ácido oleico. Sin embargo, en los últimos años distintos estudios han puesto de manifiesto el posible papel de las sustancias antioxidantes presentes en este aceite.

Los primeros estudios científicos que sugieren un rol del aceite de oliva en la prevención de las enfermedades cardiovasculares se deben al trabajo de Ancel Keys y sus colaboradores. En 1952, y posteriormente en 1970, observaron que la incidencia de la enfermedad coronaria era muy baja en países como Italia, donde el consumo de grasas monoinsaturadas es elevado.
Observaciones epidemiológicas posteriores han confirmado que las personas que viven en el área Mediterránea, quienes consumen una gran cantidad de vitaminas antioxidantes, tienen un menor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Así, la dieta juega un papel muy importante en la prevención de la arteriosclerosis.

El aceite de oliva presenta un efecto diferencial frente a otros aceites vegetales ricos en ácidos grasos poliinsaturados o monoinsaturados. Todos ellos dan lugar a un descenso del colesterol-LDL (colesterol malo), mientras que sólo el aceite de oliva propicia buenos niveles de colesterol-HDL (colesterol bueno). Sin embargo, es sólo el aceite de oliva extra virgen el que inhibe la oxidación de LDL gracias a su alto contenido en compuestos antioxidantes, particularmente tocoferoles y compuestos fenólicos.
Finalmente, se ha observado un efecto inmunorregulador de arteriosclerosis en el aceite de oliva virgen, capaz de modular los procesos de inflamación en la pared de la arteria al inhibir la producción de citoquinas, la adhesión de los leucocitos a la pared arterial y la agregación plaquetaria. De este modo previene la formación de ateromas.

Trombosis

El aceite de oliva, a través del ácido oleico y sus componentes antioxidantes, incide en distintos procesos relacionados con aparición de una trombosis. El ácido oleico reduce la presión arterial, protege el endotelio de la arteria y amortigua el proceso inflamatorio. Por otro lado, parece evidente que el aceite de oliva impide una coagulación excesiva, favorece la fibrinólisis y evita la formación de trombos, todo lo cual permite una mejor funcionalidad cardiovascular.
También por la naturaleza de su grasa de tipo monoinsaturado, el aceite de oliva puede contribuir a la disminución del riesgo oxidativo de las membranas celulares, por ende al adecuado funcionamiento de células, órganos y tejidos. Entre los numerosos beneficios de este aceite, encontramos:

  • Ayuda a controlar otros trastornos que aumentan el riesgo como la diabetes o la obesidad.
  • Ayuda a las lipoproteínas a ser más resistentes a la oxidación (el proceso oxidativo es un determinante para el desarrollo de las enfermedades coronarias y vasculares, produce inflamación y arteriosclerosis). A diferencia de los ácidos grasos poliinsaturados, el aceite de oliva de la dieta ayuda a las lipoproteínas a ser más resistente a la oxidación, previniendo la formación de placas de arterioesclerosis.
  • Se ha demostrado que ácidos grasos como omega-3 reducen los síntomas y disminuyen la incidencia de estos procesos gracias a su acción inmunosupresora. Sin embargo, debido a ese efecto puede hacer al individuo más susceptible frente a la infección. Los ácidos grasos monoinsaturados también se les ha atribuido propiedades antiinflamatorias, aunque más modestas, en cambio, no reducen la respuesta inmune del individuo de forma tan drástica.

Un valor añadido del aceite de oliva es que, debido a su naturaleza química, soporta mejor las altas temperaturas, lo que en palabras sencillas y prácticas equivale a que se puede sofreír alimentos sin liberar sustancias toxicas o dañinas que se generan en este proceso como la acroleína. Adicionalmente, los alimentos absorben menos aceite al emplearlo en frituras o sofritos, lo cual implica que no incrementan grandemente su valor calórico.

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Ingrediente básico en la dieta

La ingesta diaria recomendada de aceite de oliva es de 3 a 6 cucharadas soperas al día, teniendo en cuenta que cada cucharada equivale a 10 ml. Esta cantidad incluye tanto la que se utiliza para cocinar, como para aliñar. El aceite es un muy buen complemento de las ensaladas, el pan tostado y como aliño de pastas y arroces, en vez de utilizar salsas procesadas ricas en grasa saturada.
Por todo lo expuesto, para disminuir el riesgo cardiovascular y en general mejorar la salud, es recomendable volver a las viejas costumbres de la dieta mediterránea y utilizar este alimento como principal grasa de la dieta.

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